Todo el mundo sabe que el destino, o la suerte, o como lo quieras llamar, rige en cierto modo nuestras vidas, por eso cuando sentimos esa sensación de PODER... Mmmm... cuanto nos gusta.
El ejemplo más claro es en el plano amoroso. Ensayar una mirada, una sonrisa, una frase que al decirla desemboque en un beso. Te da confianza en ti mismo, te hace sentir que puedes conseguir lo que quieras. Ese es el poder al que me refiero. (Nota: con frase no me refiero a soltar guarradas, que así normal que consigas una reacción).
Tampoco hace falta ser manipuladores o mentirosos, con saber jugar tus cartas tienes de sobra, aunque nunca está de más guardar un As en la manga por si todo lo demás no funciona.
Cada uno tiene sus trucos, y los míos quizá a otro no le funcionen. Saber encontrar el punto débil de los demás, encontrar tu punto fuerte y saber aprovechar las oportunidades, son cosas que aprendes a hacer con la práctica.
Existen reacciones que no podemos controlar. A veces pueden ser agradables, pero pocas veces. Porque al fin y al cabo todo es un juego, hoy ganas una partida, mañana puedes perder. Por eso ser capaces conseguir exactamente lo que queremos, aunque sólo sea por un momento, es una ventaja en este juego.
Hace poco por una acción descontrolada conseguí una reacción descontrolada. (Vamos, que abrí la caja de Pandora). No es que fuera algo malo, o sí... En realidad ese es el problema, al ser descontrolada no sé por donde va a salir la cosa. ¿De haber sabido la reacción que iba a conseguir lo hubiera hecho antes? Quizá sí, no está mal ponerle un poco de emoción a tu vida.
La conclusión es que toda acción conlleva una reacción, sea buena o mala, y a veces vale la pena arriesgar. ¿Qué prefieres? ¿ganar la partida porque has sabido arriesgar cuando tocaba o esperar porque piensas que la suerte ya está echada?
Ya sabes, acción-reacción, no esperes que te lo den todo hecho.
(Nota: no hacer o no decir nada también se considera una acción, un poco simple, pero para algunos casos sirve).